jueves, 21 de febrero de 2013

Tita

Tenía 17 años cuando vos llegaste a casa.
Yo quería un perro, de raza obvio, y mamá me despertó poniéndote en mi cama.
Fuiste rescatada de la calle, así que yacías cual pollito mojado sin entender nada.
De cachorra te dormías con las tetas al aire, y te encantaba que te acaricien el pecho.
No eras lo que se dice linda, por eso mamá te llamó Tita por la Merelo y su canción, pero tenías todo el amor... Y por eso fuiste parte de nuestra familia.
Mi época adolescente, vos tu juventud... Y así fuimos creciendo las dos, Chuchuna... Desde que jugábamos a la pelota hasta que me cansabas porque nunca te cansabas, hasta tener que darte tiempo de recuperación para seguir jugando...
Te bancaste como una reina la llegada de la gata. Y cual reina no perdiste el trono; Imposible competir con tu cariño.
Me acompañaste tantas tardes de estudio! Y el día de mi último examen, yo te vi que no dabas más, vieja.
Hacías una fiesta de bienvenida cuando alguno llegaba a casa... Desde la reja se te veía emocionada, por lo que era imposible no cambiar la vibra si no había sido un gran día y decirte "hola Tita, hola" y vos respondías con unos ruidos espasmódicos de alegría. Llegar a casa era eso... Qué extraño ahora.

Qué perrita de oro, Chuna.
Quedate tranqui que nos diste todo!