días antes del 30/10, mi mamá me recordó de un turno que no teníamos, quizás por algún motivo, en agenda... quizás, porque ya sabemos las respuestas, quizás porque ya no queremos preguntar más nada...
pero fuimos. para cumplir, para no sentir que no hacemos algo o que queda algo que anhelar, añorar, hacer... que nuevamente es no la respuesta.
de nuevo, escuchar pronunciar la totalidad de la lesión y dar a entender lo que implica.
salimos como queriendo huir, y cual instinto nos agarramos de las manos.
Fede agarró la mía. como sabiendo lo que sentía. como tratando de sujetarme.
fuimos a comprar algo para comer para Lean, y termianamos sentados en una mesa. Fede frente a Lean, tomando la delantera, yo a un costado, herida, mirando el día gris y el sinsentido.
De repente vi la nariz de Fede enrojecida y su cara quebrándose. Pero siguió jugándola. Yo no sé cómo lo hace, y mi admiración es entera.
Así llegó un festejo de cumple el miércoles... En el cual sobrellevé lo mejor que pude, lo aturdida que me siento, por momentos. Sólamente quiero encontrar motivos para reir: Lo que me salva.
Previo al próximo cumple de mi hijo, en google fotos me apareció un video con Franco y Lean en la panza... previo a cual momentos culminantes a cómo se sucedería esta especie de novela de mi vida...
Hacia el sábado cumplió Lean y el festejo fue su mismo día de nacimiento. El combo emocional fue una licuadora de sentimientos, por momentos. Un salón lleno de niños, 2 hs y media, música a full y yo sintiéndome hundir, por momentos. Por suerte logré sobrellevarlo con mucha risa, mi antídoto mejor... Pero por momentos también siento que mi cara se pone solemne, sin poder manejarlo.
Abriendo un regalo del tío hacia el mediodía, Lean pensó que era una guitarra, y casi que no lo controlo. Como cada vez cuando abre un regalo, y demanda una bimanualidad que él no logra, me congelo por dentro, procurando acompañar de la mejor manera. O cuando del salón de fiestas me ofrecen que el juego sea escalar en su propio cumple, no me sale palabra.
Resulta que hacia la hora de dormir, le pregunté sobre sus deseos, que antes que nada me dijo que son secretos... y que si se dicen no se cumplen... pero igual me contó, y uno fue dejar de hacer berrinches, ese en relación a la familia... y que otro era personal... y que fue que su bracito se mejorara cuando sea grande.
Yo me lo quedo mirando, porque este nene de 6 años, para mi, me engaña y es un viejo sabio.
Se me cayeron las lágrimas, y le hablé de lo que cualquiera haría... de que somos todos distintos. El me dijo que quisiera tener las 2 manos como yo. Me dijo que no podía atajar bien. Y que este pensamiento lo tenía seguido.
Me tocó estar en el equipo de uno con el estilo del mejor. Pese a las angustias de momento de los obstáculos del día a día e ir aprendiéndo cómo sobrellevarlo, es lo único que sé: Que me tocó un nene a quien no puedo definir, ni fallarle, y que tiene algo interior, extra zarpado.