viernes, 2 de septiembre de 2016

ratitos de algo parecido a mi

que los días se me van, es la sensación que tengo.
algunos más rápido y otros más despacio,
cuando se van rápido, fue una semana entera al final
y así...
la vida me cambió por completo.
de golpe había cambiado todo y una seguía siendo la misma, pero con un chiquito del que ocuparse 24x7 quien te marca el ritmo, quieras o no, sea cual sea la forma de crianza que hayas elegido... lo que implica un descentramiento de tu propia vida, y esto la atraviesa entera a la mujer, por más gloriosa paternidad compartida.
el tiempo de ocio se redujo a creces, pero ni entonces es el mismo tiempo de ocio en esencia que antes.
el tic tac del reloj me marca el paso sin parar... entre pañales y lavarropas que tender,
y una pareja que asomándose la hora de comer me pregunta lo que preparar como si yo fuera una especie de reencarnación de Narda Lepes, y en materia de cuestión hice milanesas una sóla vez en lo que va de mi vida.
me liberé en lo que debía ser en cuestiones de horarios, y la dinámica familiar se volvió un caos y, llegué a que ese ritmo arbitrario tenía una razón de ser.
toda mi posible faceta reflexiva y analítica se esfuma sistemáticamente de cansancio hacia las 21 horas, y las propias emociones se van sulfatando un poco...
ni bien me convertí en mamá me volví una especie de guerrera ante la mirada de mi bebé, y frente situaciones tristes o angustiantes, el llanto que hubiera sentido antes, a partir de ese momento ya no fue.
ahora es como si las palabras de antes hubieran cambiado todas, y en muchas situaciones siquiera no las hubiera..
no hay manuales sobre la ocupación de cómo ser buena madre... y es una profesión de lo más insegura, que vas ejerciendo equivocándote. y está bien, te das cuenta que también eso es parte.
se va haciendo, siendo, con lo que a los papás mejor les va saliendo, que resulta ser, lo que tu hijo afortunadamente en una especie de sintonía necesita y fundamentalmente feliz lo hace.
eventualmente todo cambió, dejás ir a la que fuiste,
y ya no te reconocés más sin ese chiquitín a tu alrededor,
y ser su mamá es la alegría y el sentido más grande de tu vida.

con el pasar de los meses encontrás más ratitos para vos,
y desde ahí, tampoco te entra en el corazón la vida de tu chiquitín.