La familia Ingalls, Benvenuto, la que sea de esas clásicas, campechanas, rústicas, muy juntas,
mi familia, esta vez ante una situación de separación.
El tiempo perdió su atemporalidad.
Destetes y despegues. Separaciones.
No más mi hermano ahí, al lado mío para hablar a deshora, pegarnos si aburridos, chusmearnos y reconocernos en lo cotidiano.
A priori, no me gustan los cambios. Así que bastante duro este primer impacto.
Quedo en casa sóla, única hija, vivenciando lo extraño del nido medio vacío y el extrañamiento de mis viejos a su hijo menor, a quien admiran como a un tesoro, quien los hace reir con su picardía; inimputable siempre, él.
Lo que voy a extrañar simplemente que esté... Su música.
El compartir los más de los espacios, hasta con los amigos de cada uno.
Me quedo en la casa vacía.
Y el invierno, y el frío y la soledad.
Qué nostalgia hoy la del paso del tiempo...
Crecer, que siempre duele, ché.