Desde hace meses la remo cada día, que parece igual al anterior, con los nenes, todo el día.
Remo la tristeza de lo que se están perdiendo, algo tal vez no académico, pero capaz hasta de lo mejor que puede haber: ese mundo mágico que se experimenta y siente en un jardín de infantes.
Dicho y dichoso jardín de mis nenes, a 3 cuadras de casa, que en este contexto de ASPO, cada vez que paseábamos y pasábamos por la puerta el corazón palpitaba contento de imaginar el día de volver... a pisar de pasada esa vereda esperando a que mis hijos salgan por la puerta para volver a casa o de volver a ver a las distintas seños recibiendo a los chicos con la reja abierta cada mañana. Si, en la Konrad desde la preceptora hasta la directora y todas las seños recibían aún con el frío más fuerte del año a los nenes en la puerta.
Yo proyecté la escolaridad de mis nenes allí. Cada vez que pisaba el edificio de primaria me los imaginé cada vez más grandes, felices de aprender y ser parte de ese proyecto pedagógico.
Jamás me pensé un cumpleaños en este contexto, jamás me vi venir que la Konrad, esa institución educativa tan humana y rellena de calidez que cuando conocí, me enamoró, fuera a no estar más.
Jamás me pensé con tanta incertidumbre a futuro y tanta decepción y enojo en cuanto a lo que está pasando.
Es un cumpleaños de sentimientos raros.
Me siento muy afortunada, a pesar de todo. Festejar alegremente, a pesar de la tristeza es el plan para hoy.